La amabilidad de las plantas
Rutas naturalistas

Durada
1 hora

On comença
Plaza de Sencelles

Distància
4,4 km

Unitat didàctica

GPX
La amabilidad de las plantas
Desde la antigüedad los humanos hemos compartido la vida con las plantas, y ellas, amablemente y de forma desinteresada, han cubierto todas nuestras necesidades. Las plantas nos ofrecen alimento, medicinas y materiales para fabricar utensilios, tejidos y construcciones; han participado en ceremonias y rituales y también han alimentado nuestra imaginación. Y es que no debemos olvidar que la vida de los humanos depende del mundo vegetal.
Este paseo pretende reencontrarnos con las plantas que forman parte de nuestra historia, de nuestra cultura, las plantas que nos han acompañado desde nuestro origen y han hecho posible nuestra subsistencia, las plantas que forman parte de nuestras raíces.

Punts d'interès de la ruta
1
Las medicinales
2
Las simbólicas
3
Las melíferas
4
Las combustibles
5
Las útiles para fabricar
6
Las comestibles
7
Las ornamentales
Las medicinales
Entre la vegetación de nuestro entorno destacan un puñado de plantas que, popularmente, se han reconocido como remedio para los males más comunes.
Las malvas (Malva spp.), con la suavidad de sus hojas y flores, han aliviado tanto un resfriado como un estreñimiento, ya que nos ayudan con sus propiedades emolientes. El poleo (Mentha pulegium), tan presente en el torrente, nos ha facilitado las digestiones pesadas y alteraciones intestinales. Cuando nos hemos sentido sin ánimo y nos ha faltado la alegría, una planta de flores amarillas que florece a principios de verano nos ha ayudado, la hierba de San Juan (Hypericum perforatum). No solo tiene efectos antidepresivos, sino que también ayuda a curar y cicatrizar heridas. El llantén (Plantago lanceolata) nos ha calmado los roces de los zapatos utilizando sus hojas en forma de cataplasma. Y cuando nos hemos quedado sin voz o nos ha molestado la garganta, masticando un brote tierno y sin espinas de la zarzamora (Rubus ulmifolius) se nos ha aclarado la voz.
Las simbólicas
Las plantas también han alimentado nuestro imaginario; algunas de ellas, incluso, han participado en ceremonias y rituales. El almez (Celtis australis) tiene fama de árbol protector, y en el caso de nuestras islas se cree que protege de los rayos, por lo que tradicionalmente se ha plantado en las fincas. Otra planta popularmente conocida como protectora es la hierba de San Juan (Hypericum perforatum), que recolectada durante la noche de San Juan aumenta sus cualidades mágicas. El ciprés (Cupressus sempervirens) es un árbol que desde antiguo ha tenido connotaciones funerarias. Considerado símbolo de duelo desde la época romana, se ha plantado tradicionalmente en los cementerios, como símbolo de unión entre el Cielo y la Tierra. El lentisco (Pistacia lentiscus) también está vinculado a la muerte, ya que sus ramas se han utilizado para la elaboración de coronas fúnebres. Una planta con connotaciones más festivas es el mirto (Myrtus communis), utilizado en la fiesta del Corpus para cubrir las calles por donde pasa la procesión, aromatizando la fiesta con su peculiar perfume.
Las melíferas
Hay plantas que con sus flores atraen a una gran cantidad de insectos. El algarrobo (Ceratonia siliqua), la borraja (Borago officinalis) o el laurel (Laurus nobilis) son plantas con las que las abejas pueden producir miel. También lo son las plantas de la familia de las rosáceas, como la zarzamora (Rubus ulmifolius), el espino albar (Crataegus monogyna), el acerolo (Crataegus azarolus) o el ciruelo (Prunus domestica).
Con sus flores, las plantas melíferas ofrecen alimento a las abejas, ya sea en forma de polen, néctar o propóleos. A cambio, las abejas ayudan a la polinización y, por lo tanto, a la reproducción de las plantas. ¡Es una relación en la que todos salen ganando: las plantas, las abejas y los más golosos!
Las combustibles
Para iluminar nuestras casas, calentarnos o cocinar los alimentos hemos necesitado alguna sustancia para alimentar el fuego, y las plantas han sido el combustible principal.
No solo hemos aprovechado como combustible su leña, para quemarla o hacer carbón, sino también en forma de aceite para alimentar las lámparas de aceite. Este es el caso del aceite obtenido de las lentisquinas, los frutos del lentisco (Pistacia lentiscus), que, al igual que se hace con el aceite de oliva (Olea europaea), puede servir para alimentar la lámpara. Las maderas más utilizadas como combustible han sido las de encina (Quercus ilex), por su elevada densidad y poder calorífico, pero también la madera de pino (Pinus halepensis), acebuche (Olea europaea var. sylvestris), algarrobo (Ceratonia siliqua) o almendro (Prunus dulcis). Los juncos (Scirpus holoschoenus) también han servido para hacer las mechas, que impregnadas de azufre se encendían y mantenían la combustión.
Las útiles para fabricar
Los humanos, con su ingenio, han sabido fabricar una gran cantidad de utensilios a partir de los elementos naturales que tenían a su alcance, y las plantas han sido la fuente principal de materiales.
Con la madera del almez (Celtis australis), compacta y flexible, se han fabricado gran cantidad de utensilios como bastones o collares para el ganado, las horcas y palas utilizadas para trillar, los aros de madera de las botas de vino, guitarrillos y mucho más. Los tallos de los gamones (Asphodelus ramosus) se han usado para hacer cañizos donde poner a secar los higos y así conservarlos durante más tiempo. Con la caña (Arundo donax), que crece en zonas húmedas y orillas de torrentes, también se han hecho cañizos, pero además se han fabricado instrumentos musicales como los tradicionales flabiols, piezas para hilar como las ruecas, o simplemente se han utilizado para varear algarrobas y almendras o entutorar tomateras. Otras plantas nos han ofrecido fibras para fabricar tejidos, como las ortigas (Urtica urens), y pigmentos para teñirlos, como las raíces de la rubia (Rubia peregrina), que tiñe con tonalidades rojas, o la piel de la granada y la corteza del árbol (Punica granatum), que ayudan tanto al teñido como al curtido de las pieles.
Las comestibles
Muchas de las plantas silvestres que crecen en los campos más cercanos han satisfecho nuestras necesidades nutricionales cuando la despensa estaba vacía.
De algunas plantas hemos aprovechado la raíz, como es el caso de la achicoria (Cichorium intybus), que tostada y molida se ha consumido como sucedáneo del café. De otras, las hojas, para aromatizar platos, como hemos hecho con el hinojo (Foeniculum vulgare), o para cocinar caldos y cremas, como la ortiga (Urtica urens), la borraja (Borago officinalis) o el ajo porro (Allium ampeloprasum). También hemos comido tallos o brotes tiernos, como los espárragos, que crecen de los rizomas de una liana muy común, la esparraguera (Asparagus acutifolius). Los capullos de la alcaparrera (Capparis spinosa), que son flores antes de abrirse, se han conservado en vinagre para acompañar el pan con aceite y platos tradicionales como la lengua con alcaparras. Con frutos, como los de la chumbera (Opuntia ficus-indica), se han cocinado sabrosas mermeladas, o con los endrinos (Prunus spinosa) se han elaborado licores, mientras que con las semillas, como las de la mostaza blanca (Sinapis alba), se han hecho salsas para acompañar platos.
Las ornamentales
Son muchas las plantas que se han sembrado por su belleza para vestir nuestros jardines o incluso sembrado para decorar como flor cortada o seca. Destacan árboles como el laurel (Laurus nobilis), el ciprés (Cupressus sempervirens) o el acerolo (Crataegus azarolus), o arbustos que, además, han servido de seto vivo, como el endrino (Prunus spinosa) o el espino albar (Crataegus monogyna). También plantas trepadoras como la vidalba (Clematis vitalba), la clemátide flámula (Clematis flammula) o el rosal silvestre (Rosa sempervirens) han engalanado setos y paredes.
Galeria d'imatges
